Después de la tormenta sale el sol. Eso dicen. Pero creo que esto no fue una tormenta. Quizás vendrán tiempos peores.
Aún tengo esperanzas. De poder hablarle, de abrazarlo, de que todo vuelva a ser como en los buenos tiempos. Aquellos días ahora parecen tan lejanos. Ya casi los olvidaba. El tiempo me hace olvidar. Pero hay cosas que jamás voy a olvidar. Como cuando me dijo por primera vez que me amaba, yo estaba roja como tomate y tenía una sonrisa gigante que no se podía borrar con nada. Gracias, le dije, sólo eso. Él me dijo "te amo" y yo le dije "gracias" ¿por qué?, por todo, por nada, qué sé yo. Como cuando lo abracé fuerte esa noche helada en la que nos reímos como niños, y caminamos conversando de todo y de nada; llenábamos los silencios con sonrisas; nos reíamos del mundo, éramos el mundo. Como cuando él corría a ayudarme en los días en que lo único que necesitaba era un abrazo
Eso era bueno, Todo estaba bien. Pero yo pensé que no. Todo era muy perfecto y me aburrí, necesitaba un cambio. Todo terminó. Ahora me gustaría que nada hubiera cambiado. Aunque las cosas no me gustaban, debería haber sido algo menos drástico. Pero ingenuamente pensé que lo necesitaba. Para crecer. Para aprender. Creo que resultó. Crecí. Aprendí. Pero también sufrí. Lloré (mucho). Y aún hay cosas por aprender. Aún no termino de crecer.
Yo he cambiado. Él no. Sigue igual. Yo no soy la misma. Nada es lo mismo. No tengo nada, no lo tengo, ni tengo nada que se le parezca.
Cuando todo se acabó, me sentí una egoísta. Sólo pensé en mí. Pero creo que a lo mejor es bueno ser egoísta por un tiempo.
septiembre 2005